Olivia´s Tale

Siempre tuve gatas, y la experiencia de tener gata y perra me encantó, así que después de para años que Pichichi se me fue, me volvió las ganas de tener otra gatita, y que Anastasia fuera ahora la grande y no la chiquita.

La idea empezó en mi cabeza, tanto que desde que llegué a Montevideo miraba las esquinas y huequitos de la calle para ver si veía uno en la calle para recogerlo…pero nada increíblemente. Dije no voy a buscar, si tiene que ser mío me va a encontrar, y así lo fue, apareció una cosita peludita de 3 colores (¿increíble no?) en el campo donde estaba pasando semana santa. Amor a primera vista, tan chiquita que dormía en mi cuello cual bufandita, y así empezamos nuestro lazo. Anastasia al principio le gruñía, pero sin más que eso. Ya con experiencia de la convivencia de dos mascotas, empecé el proceso de adaptación de una a la otra, sobre todo de la que es dueña de la casa con La Nueva:

gata
Olivia -2 meses-
  • Dormir en camitas (manta, almohadón…) separadas y en lo posible en cuartos separados
  • A las semanas, intercambiar las camitas
  • Comer separadas, que ni se miren. Luego cada vez más cerca y al mismo tiempo
  • Cuando estén cerca, felicitarlas que está bien, para que vean que es positivo que estén juntas
  • A las pocas semanas ya son amigas o por lo menos se toleran jejeje
gatas
Olivia con Anastasia

En este caso, Olivia es tan mimosa, que no le importa nada que Anastasia le gruña cuando pretende dormir encima de ella -literalmente encima-, es la rebelde de la casa. Habla todo el día, la llamas y viene, hablando obviamente, te responde cuando la regañas, te despierta a las 7 de la mañana porque tiene hambre, y persigue a Anastasia como si fuera otro perro más. Es indudablemente única. Si fuera por ella, dormiría encima de mi cuello todavía, sin respetar ningún espacio, ella se hace sentir que está ahí, encima y oliéndote la cara… por supuesto que siempre los ronroneos a mil por hora siempre.

Anastasia y Olivia

Es la chiquita y la malandra de la casa con sus patitas de pantuflas enamora a cualquiera, incluso a quienes no le gustan los gatos, comprobado en persona.

“Cuando a Dios se le acaban las alitas, coloca colitas” -Anónimo

 

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