Pichichi´s Tale

Un buen día decidí que quería tener otra gata, adoptar, por supuesto, ¿tantos en la calle como para comprarlo no? Esa conciencia hay que inculcarla muchísimo más en la mente de las personas, empecé con la idea de ir a las jornadas de adopción en Venezuela, y un día antes de iniciar mi búsqueda encontré a esta pequeñita de 3 colores, con 3 pelos, y una naricita rosada que me enamoró, estaba solita cerca de una alcantarilla a metros de una tienda de animales, ¿raro no?  pero ni lo pensé a la subí a mi carro. La lleve a mi casa, a pesar de que mi madre decía que no y que hasta era fea, se convirtió en nuestra compañera silenciosa y hermosa. No era una gata cariñosa, pero siempre estaba ahí, ni muy cerca ni muy lejos.

Gata Tricolor

Con ella aprendí que lo gatos también sienten y tanto como para somatizar tus dolores y penas… Les cuento cómo lo aprendí, Pichichi – mi gata- si podía la llevaba a donde pudiese, aunque ella no le encantaba la idea, yo siempre quise que sí y que quizás se acostumbrara… pero no… Si, salía el super, la llevaba, a tiendas de animales; obvio que también, a casa de amigos, a ver volar parapente, en fin, hasta que en definitiva se ponía más brava de lo que disfrutaba. Ella siempre estaba cerca, el único momento que ronroneaba era cuando llegábamos de viaje, y así nosotras sabíamos que estaba feliz de vernos. Solo una vez la deje en la veterinaria, y al buscarla estaba tan irritable que ni se dejó bañar y al verme empezó a maullar en tono: Mamá que bueno te viniste, te extrañé, pero sácame de esta jaula!!, dije que más nunca la dejaría, por lo que en los próximos, la dejábamos en casa -su casa- donde estaba tranquila y feliz, con suficiente comida y agua, y cada 2 días iba la muchacha a verla y darle atún para que estuviera más que feliz, así fue por muchos años.

Siempre compañera, a su manera… un día estando en mi cuarto parada frente la cama, hablando por celular, recibiendo la peor noticia, me confirmaron que mi papá tenía cáncer, devastada por la noticia, me detengo a ver que Pichichi se para en sus patas traseras para apoyar las delanteras en mi pecho y mirando a los ojos, cosa que nunca había hecho en sus 10 años, que tenía en ese momento, ahí fue cuando entendí que nuestra conexión iba más allá de lo que podríamos entender.

Mi papá falleció ese mismo año que me enteré. Luego de unos meses, Pichichi se empezó a arrancar los pelitos de la barriga, tanto que se hacía daño a punto de sangrar y dejarse en carne viva, horrible. En mi angustia fui a cuanto veterinario se me atravesó, dermatólogos, especialistas en pieles, en gatos, ¡y nada!!! Nadie le daba con lo que pasaba, pasó por todo tipo de medicina, la mayoría le caían mal, lo cual era peor, totalmente desesperante… hasta que me recomendaron al mejor veterinario del mundo -lo comprobé luego de ir a nuestra cita con Pichichi-  Héctor Jurado @vetjurado Médico veterinario, acupuntor, terapeuta floral, reiki, medicina holística, sintergetica y terapias de vidas pasadas, entre otras. www.veterinariaalternativa.com enseguida la vio, le hizo reiki (primera vez que veía la técnica, por supuesto muy incrédula de la misma), y me invitó a sentarme para hacerme algunas preguntas…la primera y única pregunta que resolvió el enigma fue: Has perdido alguno ser querido recientemente?…. ¡Imaginen mi cara!… entre llanto cortado le conté, y su respuesta fue: -Tiene sentido, Pichichi esta perfecta de energía, pero tienen tal conexión, que tu dolor lo siente ella y por lo tanto reacciona, su manera es arrancándose los pelitos. Le mando flores de Bach solamente, y a mí a terapia -aunque ya estaba yendo a terapia para poder superar la pérdida- el me confirmo que definitivamente era justo y necesaria la terapia. Pasaron apenas unas semanas, y Pichichi se recuperó totalmente. Como dicen en mi familia: Creer o reventar. Increíble para mí, pero me ayudo a mí y a Pichichi, por siempre agradecida y a partir de ese momento es el veterinario que recomiendo con los ojos cerrados.

Pichichi de 13 años

Pasaron años, y ya a sus 15 años, Pichichi estaba viejita, la llevaba a que le dieran suero, pero ya era cuestión de esperar, incluso Héctor, el veterinario, me dijo: –llévala a tu casa, dale calidad de vida y que sea lo que Dios quiera, si las dejas internada, será la tristeza que le gane, así que siempre será mejor que este contigo– Tome sus palabras como propias y así lo hice. A partir de ese día, Pichichi, que era la reina de la casa -Ya estaba Anastasia en mi vida- le dimos lo mejor de nosotras.

Pichichi y Anastasia

Le pedía que me esperara siempre que salía de casa, y como buena gata, así lo hizo. Un viernes llegué del trabajo y ya vi que estábamos cerca del final, pasamos la noche, ella durmió y yo en vela, viendo que respirara. A la mañana ya no se pudo parar, la llevé a tomar agua, y no quiso, la acosté en su almohadón, mientras me vestía, ya que tenía que tomar la decisión más horrible de la vida…. Pero entre sus maullidos de dolor o despedida, me acerque y le hable, le dije lo maravillosa y compañera que fue para mí, que se fuera tranquila que íbamos a estar bien, y ahí en un último suspiro, como en las películas, se fue… Agradezco siempre que me espero, que estuve con ella hasta literalmente su último suspiro, último suspiro natural, que no tuve que tomar una decisión que no quería, sino que fue cuando Dios lo quiso. Hoy es mi angelita gatuna, es lo que quiero creer, y siempre está y estará en mi corazón y en mis Pichichi´s tales

Pichichi de 15 años

“Si tener alma significa ser capaz de sentir amor, lealtad y gratitud, los animales son mejores que muchos humanos”. James Herriot.

 

Leave a Reply