Sobre mi´s Tales

En mi familia siempre ha habido mascotas, desde las comunes como perros y gatos, hasta un pingüino; unos de los primeros regalos que le dio mi papá a mi mama cuando eran novios que se encontró en la orilla de una playa en Montevideo – Uruguay; mucho no duró Pepe en la familia, ya que a pesar de que le encontraron una cava para vivir, se lo robaron…  y unas babas (cocodrilitos bebés) que mi papa me llevo de regalo, regalo bastante riesgoso para una niña de 6 años que las escondía debajo de la almohada para que mi mama no nos echara de la casa a los dos. Por obvias razones no duraron ni 3 días, se las llevaron al oriente del país, creo…

Por esas pasiones y amor por los animales de mi familia me crie con el sentimiento que ellos son parte de nuestras vidas, y que siempre se puede ayudar de alguna manera, ya que son seres indefensos que confían en nosotros y son seres maravillosos, que vinieron a este mundo a dar amor, más nada. Pero lamentablemente, para nosotros, no duran para toda la vida. Ya vienen con la pureza del amor al prójimo, por eso los considero mejor que el humano. No confío en las personas que no le gustan los animales, algo pendiente en su pasado u otra vida tendrán, porque no hay razón que justifique -para mí- alguien que no le gusten, y que no los quiera y menos que les haga daño, pero de eso no se trata este blog, sino de lo maravilloso que son todos los animales y lo que he aprendido de ellos, y lo quiero compartir, entre otras cosas.

A pensar que siempre hubo algún animal por la vuelta en mi casa, no duraban mucho, me parece porque no eran “lo común”, y no podían quedarse en el apartamento que era 2 x 2 más o menos. Para nombrarles algunos de los que pasaron por mi vida: Morrocoyes (tortugas de caparazón duros) fueron como 3, loros; que, por no dejar estudiar a mi mamá, ¡mi papá lo cambio por un Setter! Chocolate, ni un fin de semana duró aquel animal que era más grande que yo cuando me saltó en dos patas a darme besos, salimos por esa puerta mi papá, chocolate y yo, a buscarle casa, sino no podíamos volver -mi mamá nos mataba-, ojo que mi mama ama lo animales, pero alguien cuerdo tenía que haber en la familia, sino seriamos un zoológico. Un mono, que resultó ser mona, Toribia; aunque siempre supe que era el regalo de Bart mitzva de mi primo (de cariño), siempre tenía la ilusión que se quedara en casa. Un cunaguaro, malísimoooo, al 3er día, se fue. Gatas desde que nací, todas tricolor. ¿Sabían que todas las gatas tricolores (definidos) son hembras?, si! es una condición genética, #DatoCurioso, Che fue la que me enseñó a no tenerle miedo, ya que hacía con ella -tipo Elvira- de todo, y ella fiel solo conmigo, aunque al parecer los celos fueron más fuertes -eso dicen- y se lanzó del 8vo piso. Periquitos (mariquitas se le llaman en Venezuela) Pedro y Carolina, me encantaba soltarlos de su jaula y que volaran libre por la casa, con todo cerrado obvio, Pedro encontró la manera de salirse de la jaula y voló realmente a la libertad, aunque mi mamá no me cree que fue así, sino que se me escapó, pero no, fue él que se fue solito. Carolina estuvo conmigo hasta su último día, incluso me esperó para lanzar su último suspiro en mi mano, partida que me dolió mucho, ya era más consciente del sentimiento que nace cuando se tiene una mascota, a partir de ese momento mi alma despertó…

mis tales
Lorena Fernández Maruri

“Hasta que uno no ha amado un animal, una parte del alma sigue dormida”. Anatole France.